ME MUDO DE SITIO Y QUIZÁS DE PIEL.
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jueves 9 de octubre de 2008
jueves 18 de septiembre de 2008
Desconociendo a Laura (Quinta parte) Despedida y cierre
Copyright © pecadocapital79.– Todos los derechos reservados
1
Laura me miró como se observa a un gato.
- ¿Ni siquiera cabes en la maleta
que puedo hacer contigo?
-Y luego añadió-
- Mañana sera ya muy tarde para quererte.
Eran las once de las noche
aún no era mañana
y la besé otra vez.
2
No se como le sentará a las aceras
verme pasear sin ella de la mano
o que pensarán los vecinos
cuando su ropa no abandere
los cordeles de esta triste ciudad.
Y los gatos de la calle santa Ana se morirán de hambre
y los patos del estanque
y aquel perro flaco de ojos apagados
que tanto te recordaba a mí,
quizás aullemos a duo por tu ausencia.
No se que pensará el mundo
de haberte perdido,
y las flores,
no se si las flores piensan,
si sé lo que está pensando mi madre
eso es lo único seguro del todo.
La primera que la vió dijo:
- Es demasiado mujer, no te enamores.
Y por enésima vez
no le hice caso.
3
El hueco de Laura es inmenso
como un agujero negro en el centro de la casa
donde caerse una y otra vez.
Solo hay escombros y yo.
Pero nadie sabría diferenciarme.
4
Laura me ha escrito una postal desde París,
dice que por las noches tiene frío,
que echa de menos mis brazos y el mar,
sobretodo el mar y mi olor,
y la arena en los pies
y mi cama,
la orilla espumosa,
y el hoyo de mi barbilla.
Dice que llueve a menudo,
que camina pisando los charcos,
que sigue desnuda bajo su vestido,
que los hombres son guapos y altos
y la miran como si la follaran.
No hay tanto amor en París. Eso dice.
Y que me quiere
al lado de dos corazones deformes
pintados con prisa.
Posdata:
No te olvides de los lunes que me debes
algún día quién sabe,
puedo volver a recuperarlos.
5
Siempre es lunes desde entonces.
1
Laura me miró como se observa a un gato.
- ¿Ni siquiera cabes en la maleta
que puedo hacer contigo?
-Y luego añadió-
- Mañana sera ya muy tarde para quererte.
Eran las once de las noche
aún no era mañana
y la besé otra vez.
2
No se como le sentará a las aceras
verme pasear sin ella de la mano
o que pensarán los vecinos
cuando su ropa no abandere
los cordeles de esta triste ciudad.
Y los gatos de la calle santa Ana se morirán de hambre
y los patos del estanque
y aquel perro flaco de ojos apagados
que tanto te recordaba a mí,
quizás aullemos a duo por tu ausencia.
No se que pensará el mundo
de haberte perdido,
y las flores,
no se si las flores piensan,
si sé lo que está pensando mi madre
eso es lo único seguro del todo.
La primera que la vió dijo:
- Es demasiado mujer, no te enamores.
Y por enésima vez
no le hice caso.
3
El hueco de Laura es inmenso
como un agujero negro en el centro de la casa
donde caerse una y otra vez.
Solo hay escombros y yo.
Pero nadie sabría diferenciarme.
4
Laura me ha escrito una postal desde París,
dice que por las noches tiene frío,
que echa de menos mis brazos y el mar,
sobretodo el mar y mi olor,
y la arena en los pies
y mi cama,
la orilla espumosa,
y el hoyo de mi barbilla.
Dice que llueve a menudo,
que camina pisando los charcos,
que sigue desnuda bajo su vestido,
que los hombres son guapos y altos
y la miran como si la follaran.
No hay tanto amor en París. Eso dice.
Y que me quiere
al lado de dos corazones deformes
pintados con prisa.
Posdata:
No te olvides de los lunes que me debes
algún día quién sabe,
puedo volver a recuperarlos.
5
Siempre es lunes desde entonces.
jueves 11 de septiembre de 2008
Desconociendo a Laura (Cuarta parte)
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1
Mientras ella se pinta las uñas de los pies
de un color que aún no existe,
yo cigarro en boca en la terraza
me invento un mar donde solo hay un muro
con versos de un poeta
a una mujer que no conozco.
"Daniela necesito otra sobredosis, bésame"
Y yo que pensaba que todas las mujeres se llamaban Laura.
2
Laura nunca lleva bragas,
dice que los hombres se pasan media vida
buscando bajo la falda
y ella siempre quiere sorprender.
La primera vez que vi un coño fue el de ella,
(antes el de Belladonna pero no debe contar tras una pantalla)
Se levantó el vestido
y esperó alguna palabra
como si aquello fuera una obra de arte.
- No es para tanto. Le dije sincero.
-Por esto matan y mueren los hombres. Dijo con firmeza.
Fue aquel día cuando comprendí
la estupidez de los hombres.
3
Lo mejor de Laura es que a veces tiene frío
y me abraza durante cinco minutos seguidos
robándome el calor y el aliento.
Ojalá el mundo durara trescientos segundos
y ella tuviera incrustada
la antartida en el pecho.
4
A Laura le encanta hacer el amor,
ella dice que follar lo hace cualquiera
y el amor es solo para privilegiados.
Seguramente lleva razón,
aunque yo sigo queriendo que me folle
para saber la diferencia.
1
Mientras ella se pinta las uñas de los pies
de un color que aún no existe,
yo cigarro en boca en la terraza
me invento un mar donde solo hay un muro
con versos de un poeta
a una mujer que no conozco.
"Daniela necesito otra sobredosis, bésame"
Y yo que pensaba que todas las mujeres se llamaban Laura.
2
Laura nunca lleva bragas,
dice que los hombres se pasan media vida
buscando bajo la falda
y ella siempre quiere sorprender.
La primera vez que vi un coño fue el de ella,
(antes el de Belladonna pero no debe contar tras una pantalla)
Se levantó el vestido
y esperó alguna palabra
como si aquello fuera una obra de arte.
- No es para tanto. Le dije sincero.
-Por esto matan y mueren los hombres. Dijo con firmeza.
Fue aquel día cuando comprendí
la estupidez de los hombres.
3
Lo mejor de Laura es que a veces tiene frío
y me abraza durante cinco minutos seguidos
robándome el calor y el aliento.
Ojalá el mundo durara trescientos segundos
y ella tuviera incrustada
la antartida en el pecho.
4
A Laura le encanta hacer el amor,
ella dice que follar lo hace cualquiera
y el amor es solo para privilegiados.
Seguramente lleva razón,
aunque yo sigo queriendo que me folle
para saber la diferencia.
domingo 7 de septiembre de 2008
Gula
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Fue hambre cuando la vi,
no ese tipo de hambre
que hace ruidos en el estómago.
Hambre de la que escribe
Ofelia Waltz en su poema.
Nada de platos ni de cubiertos,
ni de mesas, ni de sillas,
solo ella a medio desnudar sobre la cama
y yo a medio vestir sobre la alfombra.
Soy un hombre y quisiera decir que la devoré
pero fue al contrario
y ahora solo soy lo que queda de mí.
No hay más.
El resto se lo llevó ella en la boca.
Fue hambre cuando la vi,
no ese tipo de hambre
que hace ruidos en el estómago.
Hambre de la que escribe
Ofelia Waltz en su poema.
Nada de platos ni de cubiertos,
ni de mesas, ni de sillas,
solo ella a medio desnudar sobre la cama
y yo a medio vestir sobre la alfombra.
Soy un hombre y quisiera decir que la devoré
pero fue al contrario
y ahora solo soy lo que queda de mí.
No hay más.
El resto se lo llevó ella en la boca.
miércoles 3 de septiembre de 2008
El amor se llama Blanca
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Siempre que tenía un orgasmo me besaba
y yo no sabía que hacer con sus labios
sería la costumbre.
Ella me mostró caminos diferentes,
a lamerla desde la barbilla a los tobillos
despacio, como si el mundo,
no fuera a terminar mañana mismo.
- Y si termina- Decía- no te parece mi piel
el mejor sitio para morir-
Y yo relentizaba el movimiento.
-Yo te enseñaré a hacer el "amor"-
La primera vez que escuché esa palabra
tenía nueve años
y una pelota de futbol bajo el brazo,
ella no tenía nombre pero me agarró fuerte de la camisa
y yo corrí a casa despavorido.
Tan niño y tan listo.
Pero Blanca era distinta
como un agosto de lluvia,
se llamaba Blanca aunque era celeste
como los peces que se comen mis ojos
en la pesadillas,
Blanca si, aunque tuviera los ojos verdes
y los pezones rosas,
aunque le gustaran los zapatos negros
y los tangas rojos.
Aunque tuviera todos los colores a su alcance,
porque ella era el color y sus matices.
Se fue en uno de esos trenes
que se descarrilan en mi vientre
y aún tengo aquel vagón
en el cielo de la boca.
Blanca tenía tantos años
que aún no he llegado a alcanzarla,
ni tampoco me dejaría
todos los siete de noviembre
me manda una carta sin remite
diciéndome que me quiere
y yo me lo creo.
Porque ella solo me engañó una vez,
fue justo antes de irse.
-No volverás a verme-
Pero se olvidaba de mis sueños.
Todavía no se cuantos siglos después,
duermo con la puerta abierta
por si viene el amor
que no encuentre impedimentos.
Siempre que tenía un orgasmo me besaba
y yo no sabía que hacer con sus labios
sería la costumbre.
Ella me mostró caminos diferentes,
a lamerla desde la barbilla a los tobillos
despacio, como si el mundo,
no fuera a terminar mañana mismo.
- Y si termina- Decía- no te parece mi piel
el mejor sitio para morir-
Y yo relentizaba el movimiento.
-Yo te enseñaré a hacer el "amor"-
La primera vez que escuché esa palabra
tenía nueve años
y una pelota de futbol bajo el brazo,
ella no tenía nombre pero me agarró fuerte de la camisa
y yo corrí a casa despavorido.
Tan niño y tan listo.
Pero Blanca era distinta
como un agosto de lluvia,
se llamaba Blanca aunque era celeste
como los peces que se comen mis ojos
en la pesadillas,
Blanca si, aunque tuviera los ojos verdes
y los pezones rosas,
aunque le gustaran los zapatos negros
y los tangas rojos.
Aunque tuviera todos los colores a su alcance,
porque ella era el color y sus matices.
Se fue en uno de esos trenes
que se descarrilan en mi vientre
y aún tengo aquel vagón
en el cielo de la boca.
Blanca tenía tantos años
que aún no he llegado a alcanzarla,
ni tampoco me dejaría
todos los siete de noviembre
me manda una carta sin remite
diciéndome que me quiere
y yo me lo creo.
Porque ella solo me engañó una vez,
fue justo antes de irse.
-No volverás a verme-
Pero se olvidaba de mis sueños.
Todavía no se cuantos siglos después,
duermo con la puerta abierta
por si viene el amor
que no encuentre impedimentos.
jueves 28 de agosto de 2008
Cero gramos
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Yo no soy poeta,
"ella" me dijo tu amor pesa lo mismo
que pesan los versos,
¿has pesado alguna vez un verso?
no lo hagas, te lo digo yo,
cero gramos.
Yo creía que un poema pesaba
lo que pesa un corazón
y si tu corazón es grande
y de piedra como el mío
mi poesía podía girar
la flecha de la báscula
hasta volverla loca,
como yo hago con las brújulas
cuando pienso en ti,
que no hay más sur
que el que duerme entre tus labios.
Yo no soy poeta,
tengo un diccionario
con una sola palabra
"ella"
y una ciudad donde sólo cabe
una habitante
"ella"
y a veces también
tengo ganas de morirme
por no estar con
"ella".
"Ella" piensa que Lorca
es una ciudad de Murcia
donde nos besamos una vez,
que Neruda juega de defensa
en algún patético
equipo de segunda,
que Bukowski es un medicamento
contra la gripe
y que debería leer menos a John Ash
porque tiene contraindicaciones.
Yo no soy poeta,
porque "ella" me dijo
que mi corazón pesa
lo que pesa un verso,
cero gramos.
Por más que en ese verso
encierre su nombre
y amor en la misma línea,
ella sólo lee la palma
de mi mano
y dice que a la diagonal
de mi vida
le quedan un par de años.
Y yo los quiero morir con "ella".
Yo no soy poeta
sólo escribo
para buscar un refugio
cuando "ella"
desaparece
y mi vida pesa igual
que un verso
cero gramos.
Yo no soy poeta,
"ella" me dijo tu amor pesa lo mismo
que pesan los versos,
¿has pesado alguna vez un verso?
no lo hagas, te lo digo yo,
cero gramos.
Yo creía que un poema pesaba
lo que pesa un corazón
y si tu corazón es grande
y de piedra como el mío
mi poesía podía girar
la flecha de la báscula
hasta volverla loca,
como yo hago con las brújulas
cuando pienso en ti,
que no hay más sur
que el que duerme entre tus labios.
Yo no soy poeta,
tengo un diccionario
con una sola palabra
"ella"
y una ciudad donde sólo cabe
una habitante
"ella"
y a veces también
tengo ganas de morirme
por no estar con
"ella".
"Ella" piensa que Lorca
es una ciudad de Murcia
donde nos besamos una vez,
que Neruda juega de defensa
en algún patético
equipo de segunda,
que Bukowski es un medicamento
contra la gripe
y que debería leer menos a John Ash
porque tiene contraindicaciones.
Yo no soy poeta,
porque "ella" me dijo
que mi corazón pesa
lo que pesa un verso,
cero gramos.
Por más que en ese verso
encierre su nombre
y amor en la misma línea,
ella sólo lee la palma
de mi mano
y dice que a la diagonal
de mi vida
le quedan un par de años.
Y yo los quiero morir con "ella".
Yo no soy poeta
sólo escribo
para buscar un refugio
cuando "ella"
desaparece
y mi vida pesa igual
que un verso
cero gramos.
martes 26 de agosto de 2008
Alicia la chupa de maravilla y otros cuentos
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Alicia la chupa de maravilla
y a veces se traga el esperma
como si tuviera sed.
Alicia tiene en su boca un océano
y siempre que la abre soy un pez,
uno de esos diminutos y de tres colores
que caben en una pecera circular.
Alicia me engulle sin esfuerzo
como si fuera humo o aire,
como si fuera un hombre.
Alicia mi dulce Alicia
dejó de perseguir conejos
cuando descubrió el suyo propio
y convirtió su dedo índice
en una caja de orgasmos.
A veces se arrodilla y mi ego
es una metralleta de balas blancas
y hay un homicidio de siete segundos
en el paredón de los placeres.
Alicia boca de océano se acuesta a mi lado,
se acurruca sobre mi hombro
como si fuera un gato a rayas
y mientras me duermo
celebra un feliz no cumpleaños
y le hace trampas a los relojes
para que llegue tarde al trabajo
y halle en su boca de agua
más corta la jornada.
Con un as en la manga,
la reina de corazones
pinta un trébol en mi espalda
con la punta de su lengua
y el universo entero,
sobretodo el mío
le cabe entre los dientes.
Alicia la chupa de maravilla
y a veces se traga el esperma
como si tuviera sed.
Alicia tiene en su boca un océano
y siempre que la abre soy un pez,
uno de esos diminutos y de tres colores
que caben en una pecera circular.
Alicia me engulle sin esfuerzo
como si fuera humo o aire,
como si fuera un hombre.
Alicia mi dulce Alicia
dejó de perseguir conejos
cuando descubrió el suyo propio
y convirtió su dedo índice
en una caja de orgasmos.
A veces se arrodilla y mi ego
es una metralleta de balas blancas
y hay un homicidio de siete segundos
en el paredón de los placeres.
Alicia boca de océano se acuesta a mi lado,
se acurruca sobre mi hombro
como si fuera un gato a rayas
y mientras me duermo
celebra un feliz no cumpleaños
y le hace trampas a los relojes
para que llegue tarde al trabajo
y halle en su boca de agua
más corta la jornada.
Con un as en la manga,
la reina de corazones
pinta un trébol en mi espalda
con la punta de su lengua
y el universo entero,
sobretodo el mío
le cabe entre los dientes.
jueves 21 de agosto de 2008
Desconociendo a Laura (tercera parte)
Copyright © pecadocapital79.– Todos los derechos reservados
1
Laura es flexible y acróbata,
hizo un curso de gimnasia artística por internet
y hace malabares con todos los huesos de mi cuerpo
y algunos músculos se los mete en la boca
hasta que se ponen tan blandos
como los flanes caseros de mi tía Mayka
que es una cincuentona que nunca cumple años.
Laura se agarra mi piel y hace el más difícil todavía
y todo el sur que se ancla en mis pulmones
ovaciona su elasticidad
con un suspiro que mueve las barcas
de la orilla de sus ojos.
Siempre que empiezan los besos
yo ya estoy esperando los mordiscos.
Laura nunca duele.
Solo marca su terreno
y sonríe.
Y yo con ella.
2
Cuando se pone su vestido rojo,
pegado como si la tela supiera más de roces
que mi propias manos,
se me olvidan las ganas que tuve siempre
de tener una casa con jardín.
3
Laura jamás leyó un poema
y no la culpo
pero me jode que la poesía
reniegue de si misma.
4
Todos los domingos da un portazo
y los lunes bien temprano dice que me quiere,
se quita la camisa de andar por casa
y me deja lamerla hasta que mi lengua
reconoce la única razón de su existencia.
A veces le dan escalofríos
y me agarra fuerte del pelo
y siento la muerte de todos lo ahorcados
en mi propio cuello
y saboreo y me relamo
hasta que me suelta.
Me gusta la perspectiva que tiene la muerte
allí entre sus piernas.
1
Laura es flexible y acróbata,
hizo un curso de gimnasia artística por internet
y hace malabares con todos los huesos de mi cuerpo
y algunos músculos se los mete en la boca
hasta que se ponen tan blandos
como los flanes caseros de mi tía Mayka
que es una cincuentona que nunca cumple años.
Laura se agarra mi piel y hace el más difícil todavía
y todo el sur que se ancla en mis pulmones
ovaciona su elasticidad
con un suspiro que mueve las barcas
de la orilla de sus ojos.
Siempre que empiezan los besos
yo ya estoy esperando los mordiscos.
Laura nunca duele.
Solo marca su terreno
y sonríe.
Y yo con ella.
2
Cuando se pone su vestido rojo,
pegado como si la tela supiera más de roces
que mi propias manos,
se me olvidan las ganas que tuve siempre
de tener una casa con jardín.
3
Laura jamás leyó un poema
y no la culpo
pero me jode que la poesía
reniegue de si misma.
4
Todos los domingos da un portazo
y los lunes bien temprano dice que me quiere,
se quita la camisa de andar por casa
y me deja lamerla hasta que mi lengua
reconoce la única razón de su existencia.
A veces le dan escalofríos
y me agarra fuerte del pelo
y siento la muerte de todos lo ahorcados
en mi propio cuello
y saboreo y me relamo
hasta que me suelta.
Me gusta la perspectiva que tiene la muerte
allí entre sus piernas.
lunes 18 de agosto de 2008
Jugando a Dios
Copyright © pecadocapital79.– Todos los derechos reservados
Si me da por arrancar la luna
y pervertirla en un bar de carreteras,
¿que coño vais a mirar los enamorados?
Yo le recitaré guarradas al oido mientras la jodo
y los poetas románticos a contar esrtellas.
Actrices secundarias del firmamento.
Y si secuestro todas las rosas de los parques
y las ahorco del balcón de mi casa,
¿a que os olerá el amor?
Lo mismo rompo las farolas
que guián los besos paso a paso,
para que tropiecen las caricias,
para desorientar los abrazos,
para eclipsar el deseo
y confundir vuestro roce.
O cojo al sol de los cojones
y le inverno el orgullo y la autoestima,
le pinto una nube en cada ojo
y trastoco su sonrisa amarillenta
por un negro que le duela a la mirada,
haber si también vale el cuerpo a cuerpo
cuando el corazón se os llene de humedades.
Quizás invente hoy un mar de vodka
y me tire de cabeza desde el filo
de la copa del amor que se rompió
y me olvido de los amores ajenos
y me encargo en exclusiva del mío propio,
que este jugar a Dios solo me sirve
de orgasmo y desahogo literario.
Si me da por arrancar la luna
y pervertirla en un bar de carreteras,
¿que coño vais a mirar los enamorados?
Yo le recitaré guarradas al oido mientras la jodo
y los poetas románticos a contar esrtellas.
Actrices secundarias del firmamento.
Y si secuestro todas las rosas de los parques
y las ahorco del balcón de mi casa,
¿a que os olerá el amor?
Lo mismo rompo las farolas
que guián los besos paso a paso,
para que tropiecen las caricias,
para desorientar los abrazos,
para eclipsar el deseo
y confundir vuestro roce.
O cojo al sol de los cojones
y le inverno el orgullo y la autoestima,
le pinto una nube en cada ojo
y trastoco su sonrisa amarillenta
por un negro que le duela a la mirada,
haber si también vale el cuerpo a cuerpo
cuando el corazón se os llene de humedades.
Quizás invente hoy un mar de vodka
y me tire de cabeza desde el filo
de la copa del amor que se rompió
y me olvido de los amores ajenos
y me encargo en exclusiva del mío propio,
que este jugar a Dios solo me sirve
de orgasmo y desahogo literario.
lunes 11 de agosto de 2008
Mi infancia en un pezón
Copyright © pecadocapital79.– Todos los derechos reservados
]¿ Que se puede esperar de mí?
Soy de la generación de Sabrina
a pecho descubierto.
Perdí mi infancia en un pezón,
censuré barrio sésamo,
le compre un nuevo vestido a heidi
que jamás se puso
y nunca acabé por enterarme
si Marco encontró a su madre.
Suspiraba porque el coyote acertara de una vez
en aquel pajarraco veloz y bromista.
Por ver a silvestre escupiendo plumas amarillas
porque dàrtangan se hiciera el harakiri,
que a snoopy le cayera una insolación
y fuera invierno para siempre
en el pueblo de los osos amorosos.
Blancanieves se hacía la dormida por un beso
y mi fetichismo lamia los zapatos a la cenicienta,
le levantaba la falda a pocahontas
y buceaba buscando otra sirenita
que quisiera caminar.
Caperucita siempre me pareció una buscona
y quise ser el lobo muchas veces.
Oliver corría a cámara lenta
atravesando un campo
en diez capitulos,
yo le metia goles
en mis sueños húmedos
a la vecina del cuarto.
Mi profesora de lengua fue incapaz
de enseñarme un solo verbo,
pero aprendí anatomia en cada descuido.
Perdí mi infancia en un pezón,
hoy la busco sin éxito
mas allá de mis escombros
pero nada,
nada es tan excitante como la primera vez,
como el descubrimiento, no el acto.
¿ Que se puede esperar de mí?
Soy de la generación de Sabrina
a pecho descubierto.
]¿ Que se puede esperar de mí?
Soy de la generación de Sabrina
a pecho descubierto.
Perdí mi infancia en un pezón,
censuré barrio sésamo,
le compre un nuevo vestido a heidi
que jamás se puso
y nunca acabé por enterarme
si Marco encontró a su madre.
Suspiraba porque el coyote acertara de una vez
en aquel pajarraco veloz y bromista.
Por ver a silvestre escupiendo plumas amarillas
porque dàrtangan se hiciera el harakiri,
que a snoopy le cayera una insolación
y fuera invierno para siempre
en el pueblo de los osos amorosos.
Blancanieves se hacía la dormida por un beso
y mi fetichismo lamia los zapatos a la cenicienta,
le levantaba la falda a pocahontas
y buceaba buscando otra sirenita
que quisiera caminar.
Caperucita siempre me pareció una buscona
y quise ser el lobo muchas veces.
Oliver corría a cámara lenta
atravesando un campo
en diez capitulos,
yo le metia goles
en mis sueños húmedos
a la vecina del cuarto.
Mi profesora de lengua fue incapaz
de enseñarme un solo verbo,
pero aprendí anatomia en cada descuido.
Perdí mi infancia en un pezón,
hoy la busco sin éxito
mas allá de mis escombros
pero nada,
nada es tan excitante como la primera vez,
como el descubrimiento, no el acto.
¿ Que se puede esperar de mí?
Soy de la generación de Sabrina
a pecho descubierto.
viernes 1 de agosto de 2008
Lejos
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Hoy la felicidad no la venden los camellos,
ni está debajo de una falda,
hoy la felicidad no está en los números de la suerte
ni encima de tu ombligo,
no tiene nombre de mujer,
ni es adornada con cubitos de hielo.
Hoy la felicidad no consiste en follarme a tu sombra
e irme a dormir con la sensación
de haber cumplido mis deberes.
Hoy la felicidad está como siempre lejos,
más aún si cabe,
como al otro lado del mundo,
diez avenidas de la muerte más lejana
de donde vives tú,
a un millón de calles de distancia
de donde me encuentro ahora.
Lejos, muy lejos, tan lejos
que tengo miedo.
Hoy la felicidad no la venden los camellos,
ni está debajo de una falda,
hoy la felicidad no está en los números de la suerte
ni encima de tu ombligo,
no tiene nombre de mujer,
ni es adornada con cubitos de hielo.
Hoy la felicidad no consiste en follarme a tu sombra
e irme a dormir con la sensación
de haber cumplido mis deberes.
Hoy la felicidad está como siempre lejos,
más aún si cabe,
como al otro lado del mundo,
diez avenidas de la muerte más lejana
de donde vives tú,
a un millón de calles de distancia
de donde me encuentro ahora.
Lejos, muy lejos, tan lejos
que tengo miedo.
lunes 28 de julio de 2008
Muros de carne y hueso
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Hace unos días me preguntaron por ti,
también el muro de Berlín fue derrumbado
y el era de piedra.
¿Que fue de aquella diosa que te acompañaba?
De nada me sirvió ensayar la escena
-se fue- dije con una pasividad poco creíble
y sus ojos se burlaron suavemente
y en su rostro no hubo mueca de sorpresa.
No es que me hubiera curado de tu veredicto
pero duele encontrarse tu sentencia
en los ojos de la gente.
Hace unos días me preguntaron por ti,
también el muro de Berlín fue derrumbado
y el era de piedra.
¿Que fue de aquella diosa que te acompañaba?
De nada me sirvió ensayar la escena
-se fue- dije con una pasividad poco creíble
y sus ojos se burlaron suavemente
y en su rostro no hubo mueca de sorpresa.
No es que me hubiera curado de tu veredicto
pero duele encontrarse tu sentencia
en los ojos de la gente.
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